Brillante y conmovedora tragedia siciliana

  

Rostro

     Cuando una novela extraordinaria como Su rostro en el tiempo se lee de un tirón, doble contra sencillo que las razones hay que buscarlas en un cúmulo de virtudes que posee la obra antes que en la ansiedad del lector.

     Entre la tragedia y el melodrama, gambeteando el costumbrismo acartonado, Alejandro Parisi construye una obra mayor pintando magistralmente una aldea (un pueblo siciliano) para otorgarle carácter universal.

    Castellamare del Golfo, su simpleza y sus complejidades, el fascismo, la guerra, las grandezas y miserias de su gente forman un contexto ideal para desarrollar la historia de Giuseppina y Vito, un amor complicado (¿acaso existen amores fáciles?) pero ineluctable.

    En esa pulsión por afrontar lo inevitable, los antihéroes de Parisi nos llevan de la mano para vivir apasionadamente una historia que pendula entre los extremos: desde el tórrido verano al impiadoso invierno; de la enloquecedora chatura pueblerina al zumbar de los aviones, los estampidos de ametralladora o las bombas; del sueño esperanzado de poder hacer la América a la cruel realidad, sin sueño alguno, de la hambruna, las penurias y la muerte.

    El autor opta por un pudoroso medio tono que esconde protagonismo egoico y quizá allí radica uno de sus mayores méritos: importa la historia, sus protagonistas, los hechos y sus consecuencias. De todas formas, todo está contado con una prosa tan exacta como brillante, tan económica como letal en su objetivo primordial: conmover al lector, zamarrearlo de su zona de confort y comprometerlo dentro de una tragedia siciliana intensa, emotiva e inolvidable.

Parisi

    Durante la lectura me sucedió algo poco habitual: ciertas situaciones me sugirieron música de fondo. Y desfilaron Generale, del enorme Francesco de Gregori, o algunas canzonettas napolitanas de las que solo recuerdo vagamente algunas melodías.

    Para el final, ese terrible y extraordinario final, en mi cabeza resonaba el vozarrón de Luciano Pavarotti desgarrado en el clímax de Vincero, mientras la historia de amor se cierra de la única forma posible.

    Y me quedé extrañando lo pasado, le leído, lo sentido. Convencido, además, que si en Italia existen herederos del cine de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, tienen en esta novela una formidable oportunidad para homenajear a los autores de Padre padrone.

    Abrigo mis dudas de que la narrativa argentina ofrezca este año, más allá de excepciones de rigor, un par de obras comparables a Su rostro en el tiempo. A quienes se apresuren a tildarme de exagerado les propongo que primero lean la novela. Después me cuentan.

por Carlos Algeri (*)

(*) Escritor, dramaturgo y periodista.

 

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