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El amarillo no destiñe nunca

 

Spinetta

La ética y el caso Spinetta

    Vivimos en tiempos en que el debate sobre la ética en el periodismo, y el reflejo de la “verdad” – tan manipulable como opiniones e intereses haya en aumentarla, minimizarla o directamente negarla- en los medios de comunicación es saludable moneda corriente.  Más allá de la vereda y la mirada que se elija, no deja de llamar la atención la insistencia casi burda de ciertos canales de información en teñir de “amarillo” todo lo que tocan, y no conocer límites en el terreno del respeto a la vida privada y a los sentimientos humanos. Tema que, no por viejo, deja de estar vigente.

       Esto viene a cuento porque estos auténticos “buitres” – así definidos con clarísima resolución por el colega Eduardo Fábregat en un matutino – en los últimos días, no encontraron mejor idea que arrojar sus garras hacia un grave problema de salud que atraviesa uno de los artistas más grandes que haya dado la música popular argentina en el último medio siglo: Luis Alberto Spinetta.

       El tema es, además de doloroso, muy sencillo: el autor de joyas como “Cantata de puentes amarillos” o “Ana no duerme” padece desde hace unos meses un mal del que intenta salir con éxito a través de tratamientos médicos, con un pronóstico que en primera instancia, parece optimista. El silencio requerido por el músico y por su familia fue respetado por la mayoría de la prensa…salvo hasta hace unos días, cuando el periódico “Muy” – perteneciente al multimedio de Clarín, diario que declama por la verdad y la independencia periodística - difundió la noticia en un estilo tremendista acorde con sus características, que igualan a una enfermedad con el romance de una modelo, si la cuestión es vender.

        La forma tendenciosa, plagada de “fuentes” poco comprobables, en la cual trascendió la información – una vez más encaminada a generar un fuerte efecto mediático – obligó al mismo Spinetta a salir al cruce de lo difundido dando su propia versión sobre la situación que atraviesa, y, sin desconocer las dificultades, confiando en el buen resultado final del tratamiento.

        Como si esto no bastara, otro ícono de la frivolidad noventista y el culto a la figuración, la revista “Caras”, (del riñón de Perfil) no tuvo mejor idea que vulnerar nuevamente la intimidad del músico y sacarle una serie de fotos “clandestinas” en la puerta de su casa, una de las cuales utilizó en tapa pretendiendo condolerse con su situación, mostrando al músico con una imagen visiblemente deteriorada, pero que no le impidió, en una de esas tomas, esbozar una reacción de fastidio al darse cuenta de esta nueva intromisión a su intimidad.

        Que tengamos memoria, la revista “Caras” no se ocupó de la vida de Spinetta ni de su arte en muchos años, con la sola excepción de un recordado affaire con una actriz, nota a la que respondió en aquella ocasión, con un irónico cartel al ser retratado, y que decía simplemente: “no lea basura, lea libros”.

        Suponemos que la libertad de prensa (y de empresa) garantiza el derecho de que cada cual refleje en sus páginas la realidad de la manera en que se le antoja. Habrá mensajeros más profundos y más superficiales, todo es válido, pero creemos que aún así hay límites. Y esos límites tienen que ver con un mínimo respeto a la intimidad de las personas, algo que debe ser aún más cuidado si está de por medio un problema de salud.

       La carroña existente en los medios de comunicación no es algo nuevo. Se repite invariablemente en miles de situaciones. Para algunos medios no importa la actividad profesional de los artistas sino algo que les dé alimento para el escándalo. El arte no cotiza en bolsa. La estupidez – o la fatalidad- sí.

       Pero desde este humilde lugar creemos que, en momentos de encendidos debates sobre contenidos y mensajes, desde todos los sectores – oficiales y privados- tendría que haber un análisis más profundo sobre la función de los medios. Y que no se alcen ante esto las voces que creen ver “censura” en estos cuestionamientos.. Se trata de ética…una asignatura todavía pendiente.