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La otra vida de las villas

Cómo derribar las barreras

    ¿Cómo se puede encarar una propuesta diferente con respecto a la vida en las villas sin caer en el golpe bajo y el efectismo? El nuevo ciclo "Nacionalidad: ¡Villera!", que canal Encuentro puso en el aire todos los jueves a las 22.30, y que dirige Bruno Stagnaro, intenta dar una respuesta a través del relato de sus propios habitantes.

     El ciclo, que se extiende a lo largo de 13 capítulos, recorre la historia de las villas de Buenos Aires desde la década del 50, cuando numerosos contingentes de pobladores de distintos puntos del interior llegaron a la Capital a hacerse un lugar y soñar con un progreso que los años se encargaron, en la mayoría de los casos, de reducir sólo a ilusiones.

     Relatada en primera persona por Julio Zarza, poblador de la Villa 21-24, situada en el barrio de Barracas, a no tanta distancia del centro porteño, la saga sobre la historia de las villas surgió a partir de un documental, "La 21, Barracas", un proyecto de Víctor Ramos (periodista, ex funcionario y autor de una decena de documentales de corte social) acerca del fundador de la ONG Heridos del sur, Gustavo Benitez.

    Esta ONG es un espacio destinado a promover la convivencia entre las bandas del barrio, y a generar proyectos y obras de carácter social. La historia hizo que directivos de "Encuentro" convocaran a Stagnaro (un director con sólidos antecedentes en materia de cine testimonial, del que sólo bastaría mencionar "Pizza, Birra, Faso", junto a Adrián Caetano o el cilo televisivo "Okupas") quien se interesó de inmediato por la propuesta.

     Stagnaro pone el acento en la necesidad de no caer en el estereotipo de ciertos programas que remarcan la vida en la villa como asociada con lo delictivo y lo marginal. "La idea fue buscar una mirada que refleje otros aspectos cotidianos que existen allí, y rescatar algo más que la violencia y la droga".

     Uno de los aspectos que señala el director es que "la gente desarrolla una capacidad para irse acomodando sobre la marcha para encontrar soluciones a las cosas" y afirma que "hay una suerte de frontera invisible que separa a la villa de este otro mundo urbano, al punto a que mucha gente le produce miedo ir al centro".     

   Así, en las distintas entregas del ciclo, Zarza se irá internando en las vivencias personales, en el testimonio de vecinos y en las numerosas iniciativas que, a falta de medios, genera la admiración de quienes sólo asocian la vida en las villas como una suerte de infierno humano. Y nos deja la sensación de que más allá de la marginalidad y la exclusión, hay seres humanos que luchan por una mejor calidad de vida y apuestan por algún sueño.