Carlos Algeri: "Me interesa no aburrir al espectador"

 

 Algeri

Es escritor y periodista. Nació en Buenos Aires, vive en el Conurbano y sus obras de teatro, hasta el momento, se estrenan y representan lejos de su lugar de residencia. Asegura que ya llegará el momento de que se incorporen al circuito porteño, mientras este fin de semana se estrenará una en Córdoba, y otra se mantiene en cartel en Chacabuco.

Tener dos obras simultáneamente en cartel sin ser un dramaturgo reconocido (aunque él prefiera considerarse “un autor de teatro”) es, de por sí, un hecho curioso. Potenciado porque una de esas piezas (“Pastillas para no soñar”) se estrena el sábado 6 de junio en Córdoba, en Alquimia Teatro, y la otra (“El pasado es solo un adiós”) continúa en cartel en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, donde subió a escena en el mes de abril, aunque su autor es un porteño que vive en el sur del Conurbano.

Carlos Algeri se considera esencialmente un narrador, sin temores para adaptarse a los distintos formatos que le permitan contar una historia: novela, cine o teatro. Periodista de vasta trayectoria en redacciones, radios y canales varios, actualmente reparte su tiempo laboral entre la escritura, la conducción de un magazine radial y el comentario de partidos de fútbol.

-¿Qué sensación experimenta ante el estreno en Córdoba?

-Estoy absolutamente tranquilo y con una controlada dosis de ansiedad, lógica cuando se estrena una obra. Tengo plena confianza en la entrega y la energía que han puesto en sus composiciones Mónica Cebrián y Fabiana García, las protagonistas de “Pastillaspara no soñar”. Sé que han dado lo mejor de sí mismas, que han ensayado muchísimo, pero fundamentalmente que lograron meterse en el interior de sus personajes, comprenderlos, vivirlos, sentirlos.

Pastillas

-¿Por qué escribió una obra solamente con dos mujeres?

-Para lograr una intimidad absoluta. Partí de la idea de no distraer la atención del espectador del universo de cada una de ellas, y del que se crea a partir de esas mini-vacaciones que las llevarán a una experiencia nueva: la convivencia. Aunque no van a encontrarse con un recitado de sentencias filósofico-existenciales. Todo lo contrario. Es una comedia ágil, por momentos alocada y delirante, que no excluye los toques sentimentales ni cierta nostalgia que impregna todas mis historias.

-Suena a una versión humorística de “Thelma and Louise”…

-No fue la intención primaria, pero es probable que haya algo. La película de Ridley Scott me parece formidable, una de las más logradas de su filmografía. “Pastillas parano soñar” no es una historia trágica, aunque tiene algo de aventura interior como en la película. Pero va por otro lado: Mara e Inés, las protagonistas, creo que intentan desafiarse a sí mismas, ante todo.

-Dijo creo. ¿Usted es el autor y no está seguro de lo que sienten sus personajes?

-Ningún autor podría estarlo, sobre todo si quiere que la historia discurra con naturalidad y amenidad. Los personajes hacen lo que se les canta. Y está bien. Uno, como autor, a lo sumo pone algunos límites cuando puede. La escritora francesa Christiane Rochefort recomienda a los que escribimos que dejemos en libertad a los personajes y nos limitemos a ser guiados por ellos.

- ¿Qué siente un dramaturgo nacido en Buenos Aires y residente en el Conurbano ante la convivencia en cartel de dos de sus obras en ciudades alejadas de la Capital Federal?

-Primero permítame una respetuosa corrección. No me considero un dramaturgo, apenas un escritor o autor de teatro. Dramaturgo es Roberto Cossa, por ejemplo. Yo cuento historias, en este caso en teatro, pero dramaturgo es un título al que aspiro llegar algún día, que no es el de hoy. Respecto de estrenar y estar en cartel fuera de la Capital Federal es una experiencia muy enriquecedora. Los porteños solemos creer, equivocadamente, que somos el ombligo cultural de la Argentina. Cuando estuve en Chacabuco, en ocasión del estreno de “El pasado es solo un adiós”, descubrí una ciudad con una movida teatral impresionante, una sala (en la que se estrenó la obra) que bien quisiera tener cualquier complejo porteño, y un grupo como “Los Carlitos” en el que se amalgaman talento, afecto y respeto por lo que hacen. Descuento que ocurrirá lo mismo en Córdoba, un bastión fuerte del teatro independiente en nuestro país.

Pasado

- De todas formas, ¿le gustaría que sus obras se estrenaran en la ciudad de Buenos Aires?

- Por supuesto que sí, ya llegará el momento. Otra de mis obras, “Mal día para hablar de amor”, se estrenó en noviembre del año pasado en Mar del Plata. Me estoy acostumbrando a estrenos fuera de mi lugar de residencia, y los disfruto y agradezco.

-Hablando de esto, “El pasado es solo un adiós” continúa representándose en Chacabuco…

-Sí, el domingo 7 de junio vuelve al escenario en el que se estrenó: el Espacio Municipal de Cultura Teatro Italiano. Es una experiencia muy gratificante porque es una obra inclasificable: una comedia dramática o un drama con toques de comedia que entrañaba el riesgo de que el público la aceptara o la rechazara. Afortunadamente la hizo suya y la mayoría de la gente se divierte muchísimo. Es mi mayor satisfacción. Escribo para que el público se entretenga, se divierta, si después hay otras lecturas o interpretaciones, bienvenidas sean. Pero lo primero que me importa es no aburrir al espectador.

-¿Qué le aportó el periodismo en su carrera como escritor?

-Tanto el periodismo como laescritura son oficios. En mi caso, complementarios. El periodismo me enseñó a focalizarme en un tema y abordarlo desde distintas ópticas: privilegiar lo esencial y apartar la hojarasca. En definitiva, me dio entrenamiento, preparación para abordar la ficción, donde el proceso es bastante similar en términos relativos. Mi objetivo inicial era ser escritor, e imaginé el periodismo como un vehículo para llegar a serlo, pero descubrí que tenía vocación periodística.

-Y dentro de esa vocación periodística está también la de ser comentarista de fútbol…

-Otro gran placer. Estoy muy ligado con el fútbol: me apasiona desde muy pequeño, lo jugué y ahora lo disfruto comentándolo, nada menos que siguiendo la campaña del equipo del que soy hincha: Temperley. El mundo del fútbol (el genuino, el de la pasión razonable del hincha, las anécdotas, los recuerdos, las emociones) es un territorio fértil para un escritor. Hay miles de historias, personajes y sentimientos escondidos en una tribuna vacía o en una pelota desgajada.

 

Evangelina Molinari

 

6/2015